Jóvenes:

Exclusión por excelencia

El mapa de la juventud rural centroamericana apenas se está elaborando. Lo que aparece debe ser causa de preocupación y de acción.

Las juventudes rurales encuentran muy poco apoyo para la formación, el acompañamiento, la organización y la participación política, opina Ricardo Andino. Pero existen excepciones, como por ejemplo aquí en Matagalpa, Nicaragua, donde FUMDEC apoya a grupos de mujeres rurales. Foto: Christian Korsgaard.
Las juventudes rurales encuentran muy poco apoyo para la formación, el acompañamiento, la organización y la participación política, opina Ricardo Andino. Pero existen excepciones, como por ejemplo aquí en Matagalpa, Nicaragua, donde FUMDEC apoya a grupos de mujeres rurales. Foto: Christian Korsgaard.
31. July 2010

Por Ricardo Javier Andino, Director Ejecutivo, Fundación Desafíos, Nicaragua*

En Centroamérica habitamos un total de 38.7 millones de personas.

Es una región joven, dado que el 60 por ciento de sus habitantes es menor de 25 años. Las juventudes entre 15 y 29 años constituyen el 30 por ciento de la población, cuya mayoría reside en áreas rurales. En un 51% son muchachas.

A pesar de su peso poblacional, las juventudes constituyen uno de los grupos de población más excluidos, o subordinadamente integrados a la sociedad. Y si las juventudes urbanas están en condiciones de desigualdad, en exclusión por excelencia viven las juventudes rurales, las mujeres jóvenes, las juventudes con capacidades diferentes, las juventudes indígenas y afrodescendientes. Veamos por qué.

Los jóvenes hablan

Numerosas políticas productivas carecen de una perspectiva generacional, viendo a la persona joven como un miembro dependiente de la familia, en lugar de concebirla como actor estratégico para el desarrollo de la sociedad, y particularmente de la economía familiar campesina.

En un Encuentro Centroamericano de Juventud, celebrado en 2009, las juventudes rurales plantearon la necesidad de aumentar el presupuesto, la eficacia y la eficiencia para crear más oportunidades de educación. Además, identificaron las oportunidades de acceso a información actualizada, a bibliotecas y a las nuevas tecnologías de la información y comunicación como algo fundamental. Su propuesta es más centros de estudios, principalmente para educación secundaria y técnica.

La propuesta tiene sentido. En la población joven el nivel de empleo es menor (40 por ciento) al de la población total (73 por ciento), y su situación laboral está marcada por el sub empleo y la precariedad. El 30 por ciento trabaja en actividades de la economía formal, el 39 por ciento en el sector informal, y el 31 por ciento se dedica a actividades agropecuarias. Aún así, tienen un peso importante en nuestras economías y en el tema de las remesas, ya que 50 por ciento son enviadas por jóvenes.

Por lo tanto, las juventudes rurales demandan que las leyes y políticas privilegien el empleo joven y que se promuevan programas de emprendedores juveniles, combinando la educación en valores con la educación para la vida. Necesitan ferias vocacionales, un reconocimiento de la práctica profesional como experiencia laboral, un sistema de información, monitoreo y colocación laboral, salarios dignos y respeto por los derechos laborales.

Finalmente, necesitan incrementar la oferta de educación técnica y regular los estudios universitarios para que estén acordes a la realidad del mercado laboral.

Participación juvenil con retos

Estudios latinoamericanos han evidenciado que entre las juventudes anidan elementos propios de una nueva cultura política. Se observa que la mayoría de jóvenes participan y/o muestran interés por participar, rechazando algunas prácticas perpetuadas en el mundo adulto. Prefieren atender llamados transparentes, y no ser manipulados.

La realidad centroamericana es similar a la identificada en América Latina. El mapa de asociaciones es eminentemente urbano, el tejido social es débil, y los Consejos Nacionales de Juventud no constituyen reales plataformas asociativas. Como si fuera poco, se advierte la presencia adulta e intereses no jóvenes se enfrentan a la cooptación partidaria, careciendo de poder y autodeterminación; y los enfoques de trabajo son adultocéntricos, paliativos, excluyentes y hasta represivos.

Y para terminar, faltan recursos económicos y apoyo estatal, el asociacionismo juvenil tiene una promoción limitada, con más apoyo desde proyectos y ONG – y está muy subordinado a la agenda adulta.

En suma, las juventudes rurales centroamericanas proponen recursos para proyectos juveniles, combinados con una perspectiva generacional en leyes y políticas, para que se les conciba como sujetos de derecho, agentes de cambio y actores estratégicos del desarrollo.

La sociedad tiene que responder. Necesitamos visibilizar el aporte que hacen los jóvenes, cederles cargos de dirección y elección popular – y dejarlos participar en espacios de toma de decisiones, de reflexión y de concertación con autoridades.

*Artículo originalmente publicado en revista Eslabón 43/2010.

Seis grandes clavos
1. No existen – o no es fácil encontrar – estadísticas ni estudios específicos sobre la situación de las juventudes rurales en nuestra región.
2. El referente de la persona joven es el hombre urbano. Se carece de programas específicos para jóvenes rurales con enfoque de género.
3. Las juventudes rurales están invisibilizadas en los medios de comunicación. Cuando aparecen se les estigmatiza, se les representa como personas tímidas, ingenuas e iletradas. No se está visibilizando el aporte que brindan a sus comunidades, ni sus roles en la economía familiar, ni sus sensibilidades por el medio ambiente.
4. El modelo educativo es expulsivo para las juventudes rurales, obligándoles a emigrar para poder acceder a la educación secundaria, la formación técnica y superior.
5. Las juventudes rurales están excluidas de las estrategias de desarrollo, de las políticas y programas de tierra, crédito, capacitación y asistencia técnica.
6. Las juventudes rurales encuentran muy poco apoyo para la formación, el acompañamiento, la organización y la participación política.

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