Jóvenes:

Más empleo, menos migración

Muchos salvadoreños no encuentran alternativas sociales ni económicas para su desarrollo y por eso emigran. Pero no todo está perdido. En Santa Marta existe un caso ejemplar de lucha y superación.

“Ahora en el área de invernaderos tenemos más de mil 550 metros cuadrados de infraestructura productiva. Cada joven tiene hasta 100 metros cuadrado asignados”, dice Moisés Recino López. Foto: Elvis Antonio Nataren Martínez.
“Ahora en el área de invernaderos tenemos más de mil 550 metros cuadrados de infraestructura productiva. Cada joven tiene hasta 100 metros cuadrado asignados”, dice Moisés Recino López. Foto: Elvis Antonio Nataren Martínez.
31. July 2010

Por Elvis Antonio Nataren Martínez, Coordinador, ADES, El Salvador*

La realidad socioeconómica de la juventud centroamericana sigue teniendo un panorama pésimo y con pocas posibilidades de desarrollarse a futuro. Las políticas económicas ejecutadas por los diferentes gobiernos a nivel centroamericano, no tienen mayores impactos positivos en este sector.

El deterioro económico que genera el sistema político-económico adoptado está empujando de manera sistemática a la emigración de jóvenes hacia otros países, principalmente Estados Unidos.

Educando y preparando a las nuevas generaciones de jóvenes, es posible avanzar en el desarrollo humano. Los gobiernos que no proyecten estratégicamente esta línea de acción inmediata, seguirán arrastrando a sus estados a la pobreza material e intelectual, generando en las juventudes exclusiones marginales tan graves como el surgimiento de pandillas juveniles delincuenciales, las cuales causan gastos indiscriminados a los gobiernos.

En este contexto tan adverso para el desarrollo del sector juvenil, es difícil percibir políticas que involucren económicamente, socialmente y cultural a la juventud desde sus propias comunidades.

Santa Marta: caso de estudio

Santa Marta, situada al norte de El Salvador, es una comunidad con un fuerte nivel de organización. Aún así, a raíz de la emigración, está perdiendo muchos de sus cuadros líderes y lideresas juveniles que habían sido formados en los últimos diez años.

En esta comunidad la emigración se inicia a finales de la guerra, en 1992, acelerándose en el 2000. En su momento creció fuertemente, sin embargo para finales del 2006 fue perdiendo fuerza. La población que emigraba era en su mayoría jóvenes entre los 18 y 30 años. A finales del 2004 la preocupación en las organizaciones locales creció, porque también los jóvenes estaban abandonando la escuela para emigrar. Bajo esa fuerte presión se tuvo que recurrir a la búsqueda de recursos para generar condiciones de trabajo y formación, es decir, algo que contrarrestara las motivaciones por las cuales se emigraba.

Desafortunadamente, desde el gobierno central no existen programas adecuados para desmotivar la migración y evolución de la delincuencia.

Desesperación económica

Después de la dolarización del colón salvadoreño en 2001 y la firma del Tratado de Libre Comercio (CAFTA) en 2006, la canasta básica de la familia salvadoreña ha alcanzado un costo muy alto. Esto ha generado desesperación económica en niveles complicados, por lo que principalmente los jóvenes han tenido que emigrar a Estados Unidos, resultando en ingresos vía remesas más de 3,700 millones de dólares en el 2008.

Como respuesta local a este problema tomaremos en cuenta una de las políticas bastantes exitosas a nivel rural, explicando la forma en que se le ha tratado a este fenómeno en Santa Marta. En la medida que se gestionaba y presionaba económicamente a instituciones internacionales para que apoyaran proyectos, también se sumó otro problema a nivel de los jóvenes. Esta vez se trataba de la influencia que habían alcanzado las pandillas en la comunidad.

Bajo esta delicadeza se empezó a trabajar en un proyecto de invernaderos, que es la producción de hortalizas hidropónicas bajo techo plástico. En ese momento, nuestro país había alcanzado un 60 por ciento de índice de importación de verduras para el consumo nacional.

El proyecto lo construyó la comunidad con financiamiento extranjero y luego la administración pasó a manos de estudiantes que cada año egresaban del bachillerato. Habían tenido dos años de formación en el manejo de la tecnología, trabajo con hortalizas y medidas de sanidad de la producción. En el mismo año se inició el proyecto de becas universitarias, que absorbía parte de los y las egresadas de bachillerato con el objetivo de cursar carreras en la Universidad de El Salvador (UES).

Un proyecto modelo

La experiencia organizativa del esfuerzo ha pasado por etapas difíciles.

Ahora el proyecto cuenta con una capacidad de área de producción de más de mil 550 metros cuadrados. Es un proyecto modelo en la comunidad, administrado por gente joven capacitada en procesos de formación, especializada en agricultura.

La producción genera cuotas de ganancia que funcionan para pagar salarios de los y las trabajadoras, el auto sostenimiento del proyecto y futuras inversiones. La credibilidad por el impacto que ha generado el proyecto, ha impulsado que nuevos productores construyan sus propios invernaderos y vivan de ese negocio.

Las perspectivas siguen siendo las de acompañar a la comunidad en asegurarle su soberanía alimenticia, con productos libres de contaminación, productos frescos de alta calidad y al alcance de la población de la comunidad. La iniciativa ahora está dirigida por 12 jóvenes, quienes están en las diferentes áreas de coordinación, preparando a nuevos trabajadores y trabajadoras, contando con más de 60 estudiantes del instituto de Santa Marta.

Las y los jóvenes que quieren integrarse después de cursar el bachillerato, son admitidos a finales del año. Con esto se reduce la emigración a Estados Unidos y se ofrece una oportunidad de tener un empleo en su propia comunidad. Se evita la explotación privada, ya que todo el trabajo y las ganancias se distribuyen equitativamente entre los socios. Esta nueva forma de hacer negocio beneficia económicamente a la población en riesgo de emigrar o ser parte de la delincuencia en nuestro país, y es vista como un ejemplo exitoso.

Producción orgánica

Los jóvenes que integran la organización tienen la oportunidad de estudiar en las universidades y la misma organización apoya para que puedan obtener becas. Esta es una muestra de las cosas que se pueden hacer para que los pueblos rescaten su soberanía alimentaria y a la vez solucionen sus problemas económicos.

La preparación en liderazgo empresarial también es clave para el futuro. La comunidad se está desarrollando, haciendo un buen enfoque de su política de inversión social y generando condiciones para que en corto tiempo las iniciativas empresariales aumenten y sigan en manos de los trabajadores.

Durante estos años, desde el proyecto se ha tenido capacidad de apoyar a otras comunidades en la ejecución de sus iniciativas. A través de miembros de la organización, se ha apoyado económicamente a la comunidad para que realicen algunos esfuerzos políticos para su desarrollo.

Ahora se está iniciando la producción de hortalizas totalmente orgánicas. Esto elevará los ingresos por ventas y permitirá independizarse del mercado de verduras extranjeras, logrando una soberanía y mejor dieta alimenticia para nuestra población, libre de contaminación de químicos.

*Artículo originalmente publicado en revista Eslabón 43/2010.

“Mis planes eran cortos”
“Mi nombre es Moisés Recinos López. Tengo 23 años de edad, estoy estudiando el segundo año en la Escuela Nacional de Agricultura. Antes de ingresar a una carrera universitaria, estuve con pocas expectativas de hacerlo. Cuando salí del Instituto de Santa Marta, mis planes eran cortos en cuanto a salir a estudiar, porque mi familia es de escasos recursos económicos.
Las opciones que veía eran la de trabajar la agricultura tradicional, pero con eso nunca me iba a superar. Otra opción era la de emigrar a Estados Unidos, aunque eso lo pensaba mucho por las dificultades que tenía para emigrar.
Por las pocas opciones que tenía de superarme, decidí integrarme al grupo de productores de hortalizas hidropónicas de Santa Marta. Me gusta el trabajo con plantas. Desde el 2006 hasta el 2008 pase por muchas dinámicas de organización, para garantizar el buen funcionamiento de los recursos que se obtenían como grupo. Todos éramos jóvenes de 12 a 20 años de edad. Formamos una coordinación que estaba compuesta por cuatros representantes de áreas de trabajo.
En la medida que íbamos teniendo problemas con la falta de conocimientos técnicos, fuimos creando las condiciones para que una parte de los integrantes se prepararan como agrónomos. Allí entré yo a la formación. Gracias a la participación en este negocio, logré entrar becado a la Escuela Nacional de Agronomía.
Al salir de la escuela continuaremos, ya como ejecutores técnicos del proyecto, reforzando la administración y la implementación tecnológica. Al igual estaré trabajando en los distintos proyectos de piscicultura, frutales, hortalizas al aire libre, etcétera, en nuestra comunidad.
Ahora en el área de invernaderos tenemos más de mil 550 metros cuadrados de infraestructura productiva. Cada joven tiene hasta 100 metros cuadrado asignados. De esto, por cada dólar producido, 30 centavos son para el productor, 20 para administración, 25 para un fondo de ahorro y 25 para reinversión de insumos. De esta forma cada uno garantiza sus propios ingresos en la medida que rinda su parte del trabajo. Normalmente cada metro cuadrado de área de producción tiene una capacidad de rendimiento de 2.5 libras de tomate por semana.
Diariamente la inversión de tiempo nos lleva cuatro horas de trabajo, dándonos espacio para realizar otras labores en nuestros hogares o entretenernos en otras cosas.
La dinámica que seguimos teniendo para ingresar a nuevos jóvenes, es siempre a través de estudiantes de bachillerato del Instituto de Santa Marta, quienes participan por medio de sus horas optativas en la formación del manejo de cultivos y tecnología”.

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