Los viejos partidos mantienen el poder gracias a los votos ciegos

Sin embargo, según la opinión del periodista Manuel Torres, la sociedad civil hondureña gana terreno

Por Eva Rasmussen

23. November 2005

“Es un nuevo y más vulnerable Honduras el que celebrará elecciones generales el 27 de noviembre. Hemos ratificado el tratado de libre comercio con Estados Unidos, el DR-CAFTA. Como consecuencia de la destrucción de la agricultura el país se está urbanizando con un gran crecimiento de las ciudades principales. El concepto de la familia está cambiando de forma acelerada. No tenemos el mismo tiempo para equivocarnos como antes, y los políticos tendrían que darse cuenta de esto”, opina el periodista hondureño Manuel Torres.

Lo mismo da

Por primera vez ha habido primarias, y el 30 por ciento de los aspirantes deben ser mujeres. Así lo establece la nueva ley electoral, aprobada el año pasado. Los partidos cumplieron con lo primero, pero no provocó el cambio esperado. Con lo del 30 por ciento no hay ni un partido que cumplió. El Tribunal Supremo Electoral, TSE, ha hecho caso omiso de la situación, por lo que las organizaciones feministas han presentado una denuncia ante el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos y el Ministerio Público.

Manuel Torres: Los dos partidos grandes pueden todavía contar con los votos ciegos. Foto: Eva Rasmussen.
Manuel Torres: Los dos partidos grandes pueden todavía contar con los votos ciegos. Foto: Eva Rasmussen.

En la lucha están tres partidos pequeños, dos de centroderecha, uno de izquierda, y dos grandes, el Partido Liberal y el Partido Nacional, ambos con una historia de más de 100 años. “Políticamente lo mismo da si gana uno u otro. La diferencia entre los dos es histórica”, comenta Manuel Torres. “Pepe Lobo, candidato nacionalista (partido oficial) trata de atraer votos con una línea dura sobre la delincuencia juvenil. Su demanda es nada menos que la reintroducción de la pena capital. Mel Zelaya, el candidato liberal, no quiere ir a este extremo, por el contrario, trata de presentarse como el humanista. Habla de una propuesta de poder ciudadano. Anuncia un gobierno que dará más espacios participativos a la sociedad, pero no llega a concretar una propuesta.”

“La lucha real no está entre los dos partidos grandes, sino entre el ensayo de la sociedad civil de crear una democracia participativa y el modelo tradicional que se refugia en una democracia representativa, en el cual los viejos partidos frenan la participación popular”, valora Manuel Torres, quien a su vez precisa: “Las elecciones se tratan de quiénes serán los protagonistas en el futuro proceso de decisión política.”

Nuevos tiempos ...

“Estamos hablando de nuevas formas de hacer políticas. Una democracia participativa donde sectores locales de ciudadanía reclaman a las autoridades a que rindan cuentas, es una ciudadanía social y no una ciudadanía política que va a luchar contra la corrupción”, opina Manuel Torres.

“Es un avance muy bueno, pero no se refleja en los resultados de las primarias”, lamenta Manuel Torres, y añade que los partidos dominantes sobreviven por los votos ciegos, los votos incondicionales. “Los partidos tradicionales pueden contar con un 30 a 40 por ciento de los votos compuestos por su base clientelista y proselitista. El elector leal es premiado con oportunidades de empleo o con vivir un poco del estado. Sin embargo, creo que podemos ver el fin de este sistema.”

“La sociedad hondureña se mueve, sobre todo por la emigración. Uno/as 800.000 hondureño/as viven fuera, la mayoría en Estados Unidos. Eso implica que cada día haya menos dependencia del estado. Además, en los últimos años el estado se ha reducido debido a los programas de ajuste estructural, o sea, ya no hay tanto que ofrecer al elector leal.”

… y viejos

“Los medios de comunicación hondureños normalmente actúan como los viejos partidos desean, durante la campaña electoral se convierten en panfletos”, opina Manuel Torres, que hace unos años fue despedido del diario El Heraldo por ejercer un periodismo crítico. “Los períodos electorales son malos para la libertad de expresión en Honduras. Los dueños de los medios forman parte del poder político, y hay periodistas que gustan los privilegios. Lamentablemente la sociedad ha sido formada de tal manera que el derecho a la información pertenece a los medios y no a la población.”

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