Persecución sistemática
El grupo juvenil guatemalteco H.I.J.O.S. se niega a olvidar y a perdonar. Paga caro por esto
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Activistas de H.I.J.O.S., Florencia Calderón, Cecilia Gonzáles y Vladimir Najar. Foto: Eva Rasmussen
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23. November 2005
“Señores del gobierno. No les tememos absolutamente. Ningún miedo. H.I.J.O.S.” Así luce el texto en grandes letras multicolores frente a la oficina del grupo juvenil Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Perdón y el Olvido (H.I.J.O.S.) en el centro de la Ciudad de Guatemala. No está escrito para provocar sino como producto de la rabia e impotencia después de que el 12 de mayo su oficina fuera allanada una vez más por desconocidos, quienes se llevaron fotos, una grabadora y una computadora portátil.
H.I.J.O.S. son hijos e hijas de las víctimas de la guerra, de los desaparecidos y los asesinados. Se reunieron por primera vez en mayo de 1999, y ya en el Día del Ejército, el 30 junio, realizaron su primera acción.
“Luchamos para mantener la memoria colectiva y para que los culpables de la muerte de nuestros padres sean castigados”, dice la activista Florencia Calderón, quien subraya que parte de esta lucha es la confrontación con las raíces de la violencia política, algo que los Acuerdos de Paz de 1996 no hicieron. La globalización neoliberal es parte de esta estructura, opina H.I.J.O.S., y por eso accionan junto con la Coordinación Nacional de Organizaciones Campesinas (CNOC) contra el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, República Dominicana y Centro América (CAFTA-DR).
H.I.J.O.S. es visible
H.I.J.O.S. es muy visible. Se introduce creativamente en el debate, como por ejemplo cuando en el Día del Ejército, que las organizaciones de derechos humanos han convertido en el Día de las Víctimas, ubicaron grandes cráneos de cartón piedra en un muro detrás de las tropas que marchaban, de tal manera que los fotógrafos no podían evitar incluirlos en sus fotos.
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“Nos hemos visto perseguidos desde que realizamos nuestra primera acción”, cuenta el activista Vladimir Najer. “Nuestra oficina es vigilada, recibimos amenazas de muerte por teléfono, se toman abiertamente fotos de la oficina y de la gente que sale y entra. Hace dos años una investigación documentó que ocho de diez jóvenes en la morgue de la policía tenían marcas de tortura. Hicimos una campaña en contra de la violencia policial contra los jóvenes y logramos despertar el interés de los medios de comunicación, que escribieron mucho sobre la investigación, casi siempre tomando a H.I.J.O.S. como fuente. Eso provocó una ola de amenazas telefónicas, una de ellas fue sonar música de funeral, y de repente había tierra en la oficina, más bien para simbolizar un funeral. Un compañero nuestro fue detenido. Él murió en la cárcel. Fue un golpe duro. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos demandó que las autoridades nos dieran protección policial, pero no nos ayudó mucho. Las amenazas continuaron, mientras la policía estaba fuera. Por fin decidimos mudarnos.”
Nuevos allanamientos
“El 8 de enero estábamos listos para inaugurar la nueva oficina. Era un sábado. El domingo llegó el grupo musical Nueva Resistencia para practicar. Sin embargo esto se frustró”, cuenta la activista Cecilia González. “La puerta principal estaba abierta. Los cajones del archivo estaban arrastrados, fotos tiradas al piso, nuestras computadoras y los altavoces habían desaparecido.”
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La campaña contra la violencia policial. Cecilia Gonzáles muestra uno de los cajones destruidos. Foto: Eva Rasmussen
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“Nos golpearon doblemente. Las computadoras son herramientas indispensables, además se llevaron mucha información estratégica. Los altavoces nos daban la fuente de ingreso con la que pagábamos la renta de la oficina”, dice Florencia Calderón. “Tenemos el principio de no hacernos dependientes del dinero de donantes. Por eso son importantes los altavoces. Eran un regalo de un sindicato al que ayudamos en una huelga. Los alquilábamos para fiestas y manifestaciones. “
“Claro que hemos denunciado el allanamiento, pero eso no nos ha resultado en nada”, continúa Florencia Calderón. “Estábamos de acuerdo en no permitir que esto nos derrote, pero realmente nos influyó emocionalmente. Ellos lograban destruir nuestro ritmo. En más de un año habíamos trabajado con un plan sobre cómo reforzar nuestra organización. Tuvimos el plan y ahora estábamos listos para implementarlo. Sin embargo fue difícil iniciar la marcha.”
“Nos tardó casi dos meses recuperar la vieja alegría de trabajo”, añade Cecilia Gonzáles. “Entonces, después de las manifestaciones contra el DR-CAFTA en marzo, pequeñas fajas de papel de varios colores empezaron a ser metidas en nuestras puertas al frente y atrás. Al inicio no le prestamos mucha atención, pero poco a poco nos quedamos con la idea que alguien quería decirnos algo: Sabemos dónde están, y estábamos allí.”
“El 12 de mayo nos reunimos con un representante de la Federación Mundial Luterana. Al regresar nos recibió la escena conocida de cajones arrastrados, fotos tiradas al piso, y un vacío donde la única computadora de la oficina había estado. Las pequeñas fajas de papel estaban por todos lados”, cuenta Vladimir Najer.
El mismo día fue robado el vehículo de la Federación Mundial Luterana.
H.I.J.O.S. está convencido que los allanamientos tienen dos móviles: Quieren desmovilizar el movimiento, y obtener información sobre sus actividades y activistas.
“Estamos lejos de sentirnos tan fuertes como el aparato de represión indica que seamos”, establece Florencia Calderón. “Sin embargo hemos logrado crear una movilización, y es esto lo que el Estado trata de suprimir. Hemos sembrado una pequeña semilla, que molesta sus planes neoliberales.”



