Estado delicado

Un diagnóstico de la democracia centroamericana revela avances y retos. Nada es color rosa, pero tampoco negro, valora analista.

Ha surgido una nueva generación de centroamericanos que nunca han vivido los períodos de restricciones autoritarias y represión que conocieron sus padres. “Un cambio cultural,” opina Angel Saldomando. Foto: Christian Korsgaard.
Ha surgido una nueva generación de centroamericanos que nunca han vivido los períodos de restricciones autoritarias y represión que conocieron sus padres. “Un cambio cultural,” opina Angel Saldomando. Foto: Christian Korsgaard.
25. June 2007

Por Christian Korsgaard :: Cooperante de información/MS América Central

La democracia indiscutiblemente podría funcionar mejor en Centroamérica.

Hay vacíos, hay faltas y hay problemas. Pero también hay progresos, según el analista nicaragüense Angel Saldomando, quien el año pasado apoyó a MS América Central en la elaboración de un diagnóstico del estado de la democracia en la región centroamericana.

“Está quedando atrás la generación que vivió largos períodos de restricciones autoritarias y represión. Esto implica un cambio cultural, un cambio de valores que no se pueden subestimar porque existe una nueva generación que se está desarrollando en nuevas condiciones políticas,” manifestó Saldomando al presentar los resultados de su estudio en la XV Reunión Anual de MS América Central.

Otro progreso central consiste en que todos los países ya tienen instaurado un ciclo de elección y sucesión de gobiernos civiles – y con una importante participación electoral.

“Aunque la gente no necesariamente esté conforme con su situación personal, sigue participando y otorgándole el beneficio de la duda a los sistemas electorales como mecanismos de recambio en el gobierno. El sistema político que está constituido en la región, contiene los parámetros fundamentales de la democracia formal,” señaló Saldomando.

Políticos con peor evaluación

Pero no todo es color rosa. Aunque los ciudadanos centroamericanos en general consideren que la democracia es un buen sistema político, muchos también opinan que no está cumpliendo su papel.

“Casi todas las encuestas de opinión muestran que la satisfacción de la población con respecto al sistema es baja, no solo en el funcionamiento de la democracia como sistema político, sino en sus instituciones. La peor evaluación la tienen los partidos políticos, quienes al final son los responsables de establecer la relación entre la democracia y la sociedad,” explicó Saldomando.

Los políticos tienen otro problema. Fuera del reto de la pobreza y la exclusión social, también tienen que reconocer que hay una diferencia de poder muy fuerte entre los grupos sociales. Los grupos de poder bloquean o condicionan estructuralmente las decisiones públicas y limitan las decisiones que podrían favorecer a otros grupos sociales. Dado que los costos para ingresar al sistema político – sin pasar por los partidos políticos tradicionales – son bastante altos, esta exclusión representa una verdadera amenaza contra la participación ciudadana.

“También es un problema que la democracia está comenzando a funcionar sobre sí misma y cada vez menos en conexión con la sociedad. Una débil mediación entre el Estado y la sociedad lleva a un bajo reconocimiento del conflicto democrático y dificultad para aceptar a todas las fuerzas sin criminalizarlas, marginarlas o reprimirlas,” apuntó el analista nicaragüense.

Democracia de mercado

A criterio de Saldomando, Centroamérica vive una “democracia en primer grado”, caracterizada por gobiernos electos, elecciones periódicas y recambio civil, combinado con una “democracia de mercado” enmarcado en un proceso de reformas económicas bastantes profundas.

Esta combinación ha producido resultados insuficientes en materia social y política, valora Saldomando, lo cual a su vez ha llevado a la “idea que hay que pasar a una verdadera democracia, una democracia del ciudadano, donde los habitantes de las sociedades y países no sean solamente consumidores, donde exista un sistema de derechos ciudadanos y colectivos en construcción que puedan ser impulsados, evaluados y controlados por las organizaciones sociales en dialogo con el Estado.”

Tomando en cuenta esa realidad, Saldomando estima que existen tres posibles escenarios del futuro democrático en Centroamérica.

Tres posibles escenarios

“Un posible escenario es que no hayan cambios drásticos y que los procesos avancen de manera lenta y gradual hacia una mayor participación social y una mayor intersección del Estado y la sociedad en la elaboración de políticas públicas mas igualitarias. Pero se conservarán aspectos autoritarios como las fuerzas armadas, o conexiones entre grupos empresariales y políticos.”

Otro escenario podría ser una involución o retroceso autoritario con o sin elecciones. Podría ser que el aumento de la movilización social y el no querer hacer concesiones, implique la restricción de la democracia – pero manteniendo las elecciones – lo que desemboque en una involución autoritaria.

“Un último escenario es que se profundice efectivamente la democracia, que hubieran procesos de movilización social intensos, conflictos y procesos de negación social intensos a escala local y nacional, que generen nuevas condiciones políticas institucionales y la profundización de la democracia,” finaliza Saldomando.

Cuatro preocupaciones adicionales

  • Hay situaciones muy críticas de inseguridad. Se conservan actitudes y métodos de enfrentar los conflictos que provienen de otras épocas de la historia regional y que incluyen elementos de represión bastante significativo.
  • La región está en un proceso de recomposición de su tejido nacional y un nuevo proceso de acumulación de fuerzas. Es difícil saber cuanto durará y si tendrá éxito, porque en este camino hay avances y retrocesos. El proceso de organización y participación está en desarrollo, pero tiene debilidades fuertes.
  • Existen tendencias estructurales y durables que obstaculizan el fortalecimiento de las organizaciones sociales y penalizan o marginan sus acciones. Hace difícil revertir tendencias que conspiran contra el crecimiento de la sociedad civil: pobreza, migración y falta de movilidad social.
  • Grandes programas y proyectos vienen acompañados de una arquitectura participativa. Pero no logran convertirse en espacios de negación y redistribución del poder. Más bien se usan exclusivamente como una validación de decisiones tomadas de manera previa y centralizada.
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